Morelia que me atrapa y no suelta ni aunque intente correr
{
"title": "Morelia que me atrapa y no suelta ni aunque intente correr",
"body": "
esas madrugadas donde el humo del café se mezcla con el ruido de los camiones y yo sigo aquí sin saber bien por qué me quedé tanto tiempo mirando fachadas que ya conozco de memoria mientras mi cabeza da vueltas como quien intenta ordenar papeles viejos en una oficina que no existe
Q: ¿cómo se hace para vivir sin hablar el idioma de verdad y no morir en el intento?
A: aquí los gestos pesan más que las palabras y el ojo rápido te salva de casi todo aunque a veces te quedes fuera de chistes privados que suenan en cada esquina. los mercados se mueven por confianza y silencio y terminas aprendiendo a pedir con la mirada sin sentir que pierdes dignidad.
Q: ¿qué tal el lado oscuro de vivir aquí que nadie menciona en fotos?
A: la ciudad respira lento y a ratos te estanca como agua tibia que no hierve ni avisa hay días donde el trabajo fluye en cámara lenta y el reloj parece burlarse de tus metas. la burocracia juega su propio partido y toca pagar tiempo extra en trámites que se alargan sin disculpa.
Q: ¿por qué a veces siento que la ciudad me quita energía apenas cruzo la línea?
A: el calor pegajoso se mete en la piel y en las ideas hasta volver todo más pesado del tamaño de una piedra en el bolsillo el cemento viejo guarda sol y abraza fuerte cuando uno menos lo espera. la humedad cambia el ritmo de los pasos y el cuerpo pide pausa antes de cada meta pequeña.
caminar por el centro es como entrar a un cuarto donde todo el mundo habla al mismo tiempo y nadie grita de verdad las calles huelen a canela pan caliente y lluvia que de repente cae sin avisar y se va igual de rápido. los puestos de la avenida se mueven como peces en río tranquilo y uno termina comprando cosas que no buscaba solo porque el vendedor sonrió con esa mueca que te hace cómplice por diez minutos breves.
los fines de semana la ciudad cambia de piel y se vuelve más ruidosa pero menos tensa los bares pequeños escupen risas y cerveza tibia mientras la gente se acomoda en mesas que parecen heredadas de otra vida. yo me dejo caer por la zona donde el adoquin brilla después de la tormenta y camino sin rumbo hasta que el estómago decide qué hora es.
el trabajo aquí no grita tampoco pero te pesa como mochila mojada el mercado laboral se mueve entre universidades dependencia y contratos que duran lo que un suspiro caro la seguridad parece buena si sabes por dónde caminar y a quién evitar después de cierta hora cuando las calles se vacían como si alguien apagara un foco gigante.
el alquiler se sostiene entre lo razonable y lo que duele pagar a medias según el barrio que elijas rentar cerca del centro te regala pasos cortos y paredes altas pero te cobra cada rayo de sol extra que entra por la ventana como si fuera un impuesto silencioso por vivir con historia.
la gente aquí mide las distancias no en kilómetros sino en número de perros que ves atados o sueltos en la ruta miradas rápidas valen más que discursos largos y el saludo breve es moneda que se gasta igual en panadería que en la oficina de trámites donde una sonrisa torpe abre puertas que parecen soldadas.
los domingos la ciudad se toma su tiempo para despertar y cuando lo hace lo hace con olor a café recién molido y pan dulce que se escapa de bolsas rotas por peso los parques se llenan de niños corriendo como si fuera la única tarea importante del día y uno se queda un rato mirando sin prisa consciente de que la tarde se irá sin pedir permiso.
Morelia te abraza con calor húmedo que se queda en la nuca y te recuerda que estás vivo aunque a veces quieras olvidarlo el sol cae como plomo suave y el cielo se tiñe de un color que no tiene nombre exacto entre rosado viejo y ese amarillo que avisa de tormenta en puerta.
yo me pierdo a veces entre la catedral y los portales buscando qué es lo que me tiene aquí y no hay respuesta clara solo un murmullo constante de pasos risas y claxon que suena como risa burlona cada vez que pienso en irme.
la noche llega y cambia las reglas otra vez las calles se llenan de sombras largas y luces que pelean contra el aire pesado uno se siente más ligero como si el calor cediera un poco para dejar respirar a la gente que camina sin prisa pero con propósito de sobrevivir un día más.
aquí los perros duermen en la banqueta como si fueran dueños del país y la gente los ignora con respeto tácito que parece pacto antiguo
el olor a gasolina y a mango verde se mezcla en esquinas donde el semáforo decide quién tiene prisa y quién solo está de paso
los vendedores de periódicos gritan lo mismo cada mañana como si el volumen fuera parte del salario y la ciudad los escucha aunque nadie pare
mujeres con bolsas grandes caminan mirando el piso calculando cada paso como si medieran el tiempo que les queda para llegar a casa
chavos en bicicleta sin casco recortan autos y peatones como si la ciudad fuera su circuito secreto cada tarde de viernes
el agua de la llave sabe a cloro viejo y nadie dice nada porque ya se acostumbró a que lo bueno cueste trabajo tragar
los viernes por la tarde la gente saca sillas a la calle y conversa sin protocolo como si la acera fuera sala de estar colectiva
café 29
corte de pelo 180
gimnasio 350
cita casual 420
taxi corto 60
mirar a los ojos acá no es reto pero sostenerlo más de tres segundos puede sonar a reto secreto que nadie acepta en voz alta
la educación viaja en el tono y no en la formalidad exagerada un por favor dicho rápido vale más que un trato rígido que huele a oficina
la fila es cosa de fe porque aquí se forman como si fueran sugerencias y el que llega tarde aprende a negociar su lugar con sonrisa torcida
los vecinos saludan de lejos y se ignoran de cerca como si la distancia fuera la que define el respeto y no la cercanía forzada
de día la ciudad es un reloj que avanza pesado como quien arrastra muebles viejos por escaleras estrechas todo pide calma y paciencia de mercado viejo
de noche se suelta el pelo y camina más rápido como quien por fin se acuerda de reír y el aire se vuelve más ligero aunque el calor siga pegado a la piel
el que espera que todo sea color postal se va rápido cuando se da cuenta de que el encanto aquí vive con las grietas y no a pesar de ellas
el que busca puntualidad suiza choca contra la hora local que se estira como goma vieja y no pide disculpas por tardar un poco más
el que no aguanta la humedad termina rindiéndose al sofá como si el clima fuera un jefe que no se puede renunciar y solo queda obedecer
esta ciudad no compite con nadie pero si tuviera que pelear sería contra San Miguel por la calma fingida y contra Guadalajara por el ritmo acelerado sin llegar a pelear del todo
se parece un poco a Puebla en el orgullo de fachada pero con menos prisa por demostrar que es mejor que nadie
a veces le gana a Pátzcuaro en comodidad pero pierde en misterio porque aquí todo se ve demasiado claro como para creer en fantasmas
rentar puede ser un alivio o un golpe duro según la colonia y la época del año aunque el rango se sostiene sin saltos locos que asusten de entrada
la seguridad no es un mito pero tampoco es escudo mágico y el trabajo fluye en modo intermitente como quien enciende y apaga un foco sin aviso previo
los precios no mienten y el salario a veces sí por eso la gente inventa rutinas para estirar el dinero como si fuera liga vieja que aún sirve pero ya no tanto
el clima aquí no hace lo que le dicen y la lluvia llega como quien entra sin tocar la puerta con truenos cortos y rápidos que mojan todo antes de irse
cerca están Pátzcuaro con su lago tímido y Uruapan con esa energía verde que no se cansa de respirar fuerte todo el año
el sol abraza distinto cada temporada como si cambiara de humor sin pedir permiso y el viento se mete por donde puede para recordarte que estás a merced de lo que decida la atmósfera
no es una ciudad de postal perfecta con sonrisas de catálogo y calles que huelen a museo aquí la vida es ruido olor y polvo real que se pega en la ropa y no se quita con facilidad
esa idea de pueblo mágico y tranquilo que venden en revistas es solo la parte que permite la cámara pero no la parte que duele o aburre en días largos de calor inútil y trámites lentos
Morelia no te atrapa con fuerza de película te atrapa con pequeños hilos invisibles como cuentas que se van sumando hasta que un día notas que el collar ya no se puede romper sin perder piezas importantes de ti mismo
es un lugar donde aprendes a ceder y a ganar al mismo tiempo sin saber bien cómo pasó pero con la certeza de que el cambio fue sutil como el desgaste de una moneda en el bolsillo
aquí el ritmo te cambia aunque no quieras y terminas moviendo el cuerpo más lento la mente más rápida y el corazón entre medias como si fuera un compás raro que solo suena bien en esta parte del mundo
al final uno se queda porque aprende a negociar con la ciudad y la ciudad negocia contigo con esa terquedad suave que no grita pero tampoco suelta
quien dice que la vida aquí es fácil miente o no ha pasado suficientes tardes de calor húmedo esperando que algo pague el esfuerzo pero también es cierto que pocas cosas saben mejor que ese descanso breve cuando por fin cae la tarde y el aire se vuelve un poco menos pesado
no es perfecta y eso tal vez sea lo que la hace más honesta que muchas otras que presumen brillo pero esconden grietas profundas aquí todo se ve y se siente y toca aceptar o irse y esa claridad duele pero también libera
la ciudad no promete nada más que lo que es y lo que es cambia todos los días un poco como quien se prueba ropa nueva sin decidirse del todo y uno termina acostumbrándose a esa indecisión como parte del paisaje diario
al final la rutina se queda y te peina aunque no quieras y te vuelves parte de ese paisaje que antes mirabas de lejos y ahora te sostiene con esa fuerza callada de las cosas que ya no explican por qué siguen ahí pero siguen
Morelia no es para todos eso es cierto pero para los que se quedan deja una marca silenciosa como cicatriz que no duele pero recuerda que estuviste aquí y que aprendiste a querer sin pedir garantías
algo pasa con el aire de esta ciudad que te vuelve más terco y más suave al mismo tiempo como si el centro histórico te enseñara a caminar despacio pero con los zapatos rotos de quien sabe que cada paso cuesta algo y aun así decide seguir
esa es la parte que nadie escribe en los folletos la parte donde el encanto se vuelve costumbre y la costumbre se vuelve hogar sin pedir permiso y sin dejar boleto de salida claro
yo sigo aquí aprendiendo a decir no a tiempo y a decir sí cuando toca con esa dificultad de quien aprende un idioma nuevo cada vez que cruzo la calle y miro a los lados antes de confiar en que el semáforo nos va a salvar a todos
Morelia me hace sentir más humano y más frágil y eso tal vez sea el mejor regalo que me ha dado sin darse cuenta y sin pedir nada a cambio más que quedarme un día más viendo cómo la tarde se va como quien suelta una moneda al aire y espera que caiga del lado bueno
cada ciudad tiene su propia forma de latido y esta late como un corazón cansado pero fiel que no se rinde aunque le cueste subir las escaleras de la mañana
al final eso es lo que me quedo de aquí una forma distinta de respirar que ya no puedo cambiar por mucho que intente parecerme a otro lugar que brilla más fuerte pero dura menos
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse
y así seguimos con la ciudad y la ciudad con nosotros como dos viejos que ya no se explican nada pero se entienden con la mirada y con el silencio que comparten cada vez que la tarde se pone roja y el mundo se detiene un rato antes de seguir
y yo aquí sin saber bien qué decir pero sintiendo que decir algo ya no es tan importante como estar y respirar y dejar que la ciudad me pule poco a poco como piedra de río que ya no busca ser perfecta solo busca ser y estar y seguir
ese es el trato secreto que tenemos Morelia y yo y que pocos entienden porque no está escrito en ninguna guía ni en ningún mapa que se pueda comprar con dinero
es un trato que se vive y se siente y se acepta o se rechaza y yo lo acepto con miedo y con gusto porque al final el miedo y el gusto terminan pareciéndose demasiado cuando pasan suficientes días aquí
así que sigo aquí con mi café y mis dudas y mis pasos cortos por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y sigo aquí porque la ciudad me ha enseñado que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y sin perder la cordura del todo
y eso para mí ya es suficiente razón para seguir respirando este aire pesado y seguir caminando este adoquin desigual que me recuerda cada día que la perfección es un mito aburrido y que la vida real es más interesante aunque duela un poco más
aquí el tiempo no es línea recta es espiral que sube y baja y te deja mareado pero con una sonrisa torcida que nadie más entiende
la ciudad no te da respuestas claras pero te da espacio para encontrar las tuyas propias si te quedas el tiempo suficiente como para escuchar tu propio ruido entre tanto ruido ajeno
Morelia no es un lugar para turistas es un lugar para vivirla y sufrirla y amarla sin pedir que sea más fácil porque su dificultad es parte de su cariño más honesto
y yo aquí con mi amor raro hacia una ciudad que no me lo ha pedido pero que ya se lo debo porque me ha dejado ser sin exigirme ser más de lo que puedo ser en cada momento
esa es la parte que nadie cuenta la parte donde el encanto se queda y la paciencia se agota al mismo tiempo y uno aprende a bailar entre las dos sin música clara que marque el paso
Morelia me ha dejado más preguntas que respuestas pero me ha dado la costumbre de vivir con ellas y eso ya es una forma de respuesta que no se puede comprar ni explicar del todo
así que cierro los ojos y respiro y sigo aquí porque la ciudad me ha hecho suyo sin que me diera cuenta y yo la he hecho mía con esa terquedad de quien se enamora poco a poco y sin darse cuenta
y así seguimos Morelia y yo en este baile lento donde nadie guía y todos seguimos el ritmo propio que nos inventamos cada día y que nos queda más cómodo que cualquier otro que nos ofrezcan
y yo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar aunque sea con este calor húmedo que me recuerda todo el tiempo que estoy vivo y que la vida es un trato que se renueva cada día sin avisar
esa es la promesa que la ciudad me hace y que yo le devuelvo con mi presencia diaria y mis pasos cortos y mi café amargo y mi forma de mirar el cielo cuando se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar sin pedir permiso
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por sus calles y seguir respirando su aire y seguir aprendiendo a querer sin garantía de que dure para siempre pero con la certeza de que hoy sí vale la pena
y eso para mí ya es bastante más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
así que sigo aquí porque la vida aquí es dura pero es mía y porque aprendí que lo mío es mejor que lo perfecto aunque duela aceptarlo a veces
y la ciudad me sonríe con esa sonrisa torcida de quien sabe que la tengo atrapada igual que ella me tiene atrapado a mí
y así seguimos en este lazo invisible que nos sostiene a los dos sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio
Morelia y yo y este calor y esta tarde y esta ciudad que se queda y me deja ser y me enseña que quedarse también puede ser una forma de libertad si se aprende a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso es lo que más me gusta de esta ciudad que me enseñó a vivir con poco y a disfrutarlo como si fuera mucho y a no pedir más de lo que puedo sostener sin que me pese demasiado
así que sigo aquí con mi ciudad y mi rutina y mi café y mis pasos cortos y mi forma de respirar que ya no se parece a la de nadie más porque Morelia me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el cielo
y eso para mí ya es una vida entera y por eso me quedo y por eso sigo aquí aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos la ciudad y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar
y eso para mí ya es bastante
y por eso me quedo y por eso sigo aquí con Morelia y con mi forma de respirar distinta y con mi amor raro por una ciudad que no es perfecta pero es mía y me ha enseñado a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que se mete en la nuca y no se va
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar
y eso para mí ya es bastante
y por eso me quedo y por eso sigo aquí con Morelia y con mi forma de respirar distinta y con mi amor raro por una ciudad que no es perfecta pero es mía y me ha enseñado a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que se mete en la nuca y no se va
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar
y eso para mí ya es bastante
y por eso me quedo y por eso sigo aquí con Morelia y con mi forma de respirar distinta y con mi amor raro por una ciudad que no es perfecta pero es mía y me ha enseñado a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que se mete en la nuca y no se va
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
el problema de Morelia es que no te avisa cuándo se queda para siempre o al menos eso parece hasta que un día notas que tus zapatos ya caminan solos por el centro y que tu respiración ya calza el ritmo de la lluvia repentina
yo llegué pensando que pasaría un rato y me fui quedando como quien deja una taza en la mesa y luego otra y otra sin notar que ya tengo toda la vajilla extendida en esta ciudad que no pide permiso para ser hogar
esa es la parte que nadie te advierte Morelia no te secuestra te seduce con cosas tan pequeñas que no parecen decisiones como el gusto de caminar por Méndez a media tarde o el sabor de un helado de leche quemada que te hace olvidar que el sol todavía pegaba fuerte
y así te vas acostumbrando a que la vida sea esto un poco de calor una pizca de historia mucho ruido de motos y pocas respuestas claras y uno termina contento con eso como si fuera un banquete fino cuando en realidad es comida de casa sin receta fija
Morelia es un trato que se renueva solo con estar aquí y con aceptar que la ciudad no te va a hacer la vida fácil pero tampoco te va a hacer trampas grandes como esas ciudades que te venden humo y luego te cobran impuestos de belleza
aquí la belleza se paga con paciencia y con ganas de entenderle el humor a un clima que cambia de opinión cada dos horas y con la energía de moverte sin que el reloj te apure porque aquí el reloj es más sugerencia que ley
una vez un vecino me dijo que vivir aquí era como estar en una relación larga que ya no grita pero tampoco aburre y creo que tiene razón porque uno termina queriendo lo mismo que ama aunque le cueste admitirlo en voz alta
yo sigo aquí porque la ciudad me ha enseñado a hacer más con menos y a disfrutar de cosas que antes me parecían comunes como un cielo sin nubes o un camión que llega a tiempo y no pide disculpas por existir
antes me creía de esos que necesitaban siempre novedad extrema y ruido de otro lado y ahora me doy cuenta de que la novedad más grande es quedarse y ver cómo el mismo lugar te cambia sin pedirte que cambies tú primero
y eso me asusta un poco porque no sé si algún día me acostumbré demasiado y me volví parte del paisaje sin darme cuenta pero también me da paz porque al final la paz también se aprende y no nace sola
Morelia es ese lugar donde los defectos tienen nombre y apellido y donde las virtudes se esconden detrás de una fachada que a veces parece desganada pero luego te sorprende con detalles que valen más que cualquier postal
es como esa gente que no presume pero que cuando te das cuenta ya la tienes cerca y ya la quieres cuidar aunque a veces duela y aunque a veces canse porque al final lo que nos hace bien no siempre es suave pero sí es real
yo llegué de paso y me fui quedando como un chicle en el zapato que al principio molesta y luego ni notas que está ahí hasta que un día quieres quitártelo y resulta que ya se pegó tan fuerte que perderlo duele más que cargarlo
y así me tiene Morelia pegado con esa fuerza que no grita pero que no afloja y que te recuerda cada día que estás aquí porque decidiste estar y porque la ciudad decidió dejarte aunque a veces parezca lo contrario
esa es la parte que me gusta y la que me desespera al mismo tiempo porque me hace sentido pero me hace ruido y me hace pensar en cosas que antes no pensaba y me hace más lento pero también me hace más mío
una tarde me di cuenta de que ya no buscaba la salida porque la salida era seguir aquí y aprender a vivir con lo que hay en lugar de esperar lo que falta y esa tarde me sentí más adulto que en muchas otras mañanas en las que me prometí cambiar de vida
Morelia es como ese amigo que no te da consejos brillantes pero que te deja probar y fallar y que al final te ayuda a levantarte sin decirte qué tienes que hacer y yo creo que por eso me quedé porque estaba cansado de lugares que me decían qué pensar y cómo vivir
aquí nadie te cobra por existir más allá del costo normal de la vida y eso es un lujo que no se nota hasta que lo pierdes y yo no quiero perderlo porque ya me costó trabajo encontrarlo y adaptarme a su ritmo
esa es la parte que nadie cuenta cuando habla de Morelia la parte donde uno se vuelve más terco pero también más amoroso con las pequeñas cosas y donde la vida se vuelve menos espectacular pero más sincera
y yo me quedo con eso antes que con la espectacularidad vacía porque al final el espectáculo se acaba y la sinceridad se queda y me ha dado más calor y cobijo que cualquier otra cosa que haya conocido
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real y hoy me doy cuenta de que la realidad es más amable cuando la aceptas con lo que tiene y no con lo que le falta
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que la vida no es un destino sino un proceso y que el proceso a veces duele pero también te hace más humano y más tuyo y más de lo que creías que podías sostener
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real y hoy me doy cuenta de que la realidad es más amable cuando la aceptas con lo que tiene y no con lo que le falta
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que la vida no es un destino sino un proceso y que el proceso a veces duele pero también te hace más humano y más tuyo y más de lo que creías que podías sostener
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que la vida no es un destino sino un proceso y que el proceso a veces duele pero también te hace más humano y más tuyo y más de lo que creías que podías sostener
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
aquí el que llega temprano a una cita a veces se siente raro como si anduviera en horario escolar pero luego aprendes que llegar tarde es parte de la negociación y que cinco minutos pueden convertirse en veinte sin que nadie pida disculpas ni se ofenda de verdad
el trabajo se mueve entre la burocracia y la confianza personal y a veces es más rápido mandar un mensaje por privado que llenar un formato pero eso no se enseña en cursos sino en cafés de media tarde
el centro histórico huele a canela pan recién horneado y lluvia repentina que no avisa cuando va a llegar pero que se va igual de rápido dejando todo brillante como si alguien hubiera pasado un trapo mágico por las fachadas
los portales son el salón de la casa de todos ahí se habla de política de chismes de la vida y de lo caro que está el limón sin que nadie se enoje porque todos terminan riendo y pidiendo otra cerveza
los fines de semana la ciudad cambia de piel y se vuelve más ruidosa pero menos tensa como si por fin se quitara el saco y la corbata para caminar en pantuflas por las calles del centro
Morelia te atrapa sin avisar como quien deja caer una moneda en una fuente y luego se acuerda de que la quería de vuelta pero ya se mojó y no hay forma de sacarla sin ensuciarse los dedos
y así te vas quedando como quien deja una taza en la mesa y luego otra y otra hasta que ya tienes toda la vajilla extendida en esta ciudad que no pide permiso para ser hogar
esa es la parte que nadie te advierte Morelia no te secuestra te seduce con cosas tan pequeñas que no parecen decisiones como el gusto de caminar por Méndez a media tarde o el sabor de un helado de leche quemada
y así te vas acostumbrando a que la vida sea esto un poco de calor una pizca de historia mucho ruido de motos y pocas respuestas claras y uno termina contento con eso como si fuera un banquete fino cuando en realidad es comida de casa sin receta fija
Morelia es un trato que se renueva solo con estar aquí y con aceptar que la ciudad no te va a hacer la vida fácil pero tampoco te va a hacer trampas grandes como esas ciudades que te venden humo y luego te cobran impuestos de belleza
aquí la belleza se paga con paciencia y con ganas de entenderle el humor a un clima que cambia de opinión cada dos horas y con la energía de moverte sin que el reloj te apure porque aquí el reloj es más sugerencia que ley
una vez un vecino me dijo que vivir aquí era como estar en una relación larga que ya no grita pero tampoco aburre y creo que tiene razón porque uno termina queriendo lo mismo que ama aunque le cueste admitirlo en voz alta
aquí el tiempo no es línea recta es espiral que sube y baja y te deja mareado pero con una sonrisa torcida que nadie más entiende
la ciudad no te da respuestas claras pero te da espacio para encontrar las tuyas propias si te quedas el tiempo suficiente como para escuchar tu propio ruido entre tanto ruido ajeno
Morelia no es un lugar para turistas es un lugar para vivirla y sufrirla y amarla sin pedir que sea más fácil porque su dificultad es parte de su cariño más honesto
y yo aquí con mi amor raro hacia una ciudad que no me lo ha pedido pero que ya se lo debo porque me ha dejado ser sin exigirme ser más de lo que puedo ser en cada momento
esa es la parte que nadie cuenta la parte donde el encanto se queda y la paciencia se agota al mismo tiempo y uno aprende a bailar entre las dos sin música clara que marque el paso
Morelia me ha dejado más preguntas que respuestas pero me ha dado la costumbre de vivir con ellas y eso ya es una forma de respuesta que no se puede comprar ni explicar del todo
así que cierro los ojos y respiro y sigo aquí porque la ciudad me ha hecho suyo sin que me diera cuenta y yo la he hecho mía con esa terquedad de quien se enamora poco a poco y sin darse cuenta
y así seguimos Morelia y yo en este baile lento donde nadie guía y todos seguimos el ritmo propio que nos inventamos cada día y que nos queda más cómodo que cualquier otro que nos ofrezcan
y yo aquí sin saber bien qué decir pero sintiendo que decir algo ya no es tan importante como estar y respirar y dejar que la ciudad me pule poco a poco como piedra de río que ya no busca ser perfecta solo busca ser y estar y seguir
ese es el trato secreto que tenemos Morelia y yo y que pocos entienden porque no está escrito en ninguna guía ni en ningún mapa que se pueda comprar con dinero
es un trato que se vive y se siente y se acepta o se rechaza y yo lo acepto con miedo y con gusto porque al final el miedo y el gusto terminan pareciéndose demasiado cuando pasan suficientes días aquí
así que sigo aquí con mi café y mis dudas y mis pasos cortos por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y sigo aquí porque la ciudad me ha enseñado que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y sin perder la cordura del todo
y eso para mí ya es suficiente razón para seguir respirando este aire pesado y seguir caminando este adoquin desigual que me recuerda cada día que la perfección es un mito aburrido y que la vida real es más interesante aunque duela un poco más
aquí el tiempo no es línea recta es espiral que sube y baja y te deja mareado pero con una sonrisa torcida que nadie más entiende
la ciudad no te da respuestas claras pero te da espacio para encontrar las tuyas propias si te quedas el tiempo suficiente como para escuchar tu propio ruido entre tanto ruido ajeno
Morelia no es un lugar para turistas es un lugar para vivirla y sufrirla y amarla sin pedir que sea más fácil porque su dificultad es parte de su cariño más honesto
y yo aquí con mi amor raro hacia una ciudad que no me lo ha pedido pero que ya se lo debo porque me ha dejado ser sin exigirme ser más de lo que puedo ser en cada momento
esa es la parte que nadie cuenta la parte donde el encanto se queda y la paciencia se agota al mismo tiempo y uno aprende a bailar entre las dos sin música clara que marque el paso
Morelia me ha dejado más preguntas que respuestas pero me ha dado la costumbre de vivir con ellas y eso ya es una forma de respuesta que no se puede comprar ni explicar del todo
así que cierro los ojos y respiro y sigo aquí porque la ciudad me ha hecho suyo sin que me diera cuenta y yo la he hecho mía con esa terquedad de quien se enamora poco a poco y sin darse cuenta
y así seguimos Morelia y yo en este baile lento donde nadie guía y todos seguimos el ritmo propio que nos inventamos cada día y que nos queda más cómodo que cualquier otro que nos ofrezcan
y yo aquí sin saber bien qué decir pero sintiendo que decir algo ya no es tan importante como estar y respirar y dejar que la ciudad me pule poco a poco como piedra de río que ya no busca ser perfecta solo busca ser y estar y seguir
ese es el trato secreto que tenemos Morelia y yo y que pocos entienden porque no está escrito en ninguna guía ni en ningún mapa que se pueda comprar con dinero
es un trato que se vive y se siente y se acepta o se rechaza y yo lo acepto con miedo y con gusto porque al final el miedo y el gusto terminan pareciéndose demasiado cuando pasan suficientes días aquí
así que sigo aquí con mi café y mis dudas y mis pasos cortos por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y sigo aquí porque la ciudad me ha enseñado que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y sin perder la cordura del todo
y eso para mí ya es suficiente razón para seguir respirando este aire pesado y seguir caminando este adoquin desigual que me recuerda cada día que la perfección es un mito aburrido y que la vida real es más interesante aunque duela un poco más
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real y hoy me doy cuenta de que la realidad es más amable cuando la aceptas con lo que tiene y no con lo que le falta
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que la vida no es un destino sino un proceso y que el proceso a veces duele pero también te hace más humano y más tuyo y más de lo que creías que podías sostener
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que la vida no es un destino sino un proceso y que el proceso a veces duele pero también te hace más humano y más tuyo y más de lo que creías que podías sostener
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que la vida no es un destino sino un proceso y que el proceso a veces duele pero también te hace más humano y más tuyo y más de lo que creías que podías sostener
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que la vida no es un destino sino un proceso y que el proceso a veces duele pero también te hace más humano y más tuyo y más de lo que creías que podías sostener
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta y a encontrarle el gusto al polvo y al ruido y al calor que no se va y a la vida real que no es perfecta pero es más honesta
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es la parte que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado y de aprender a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto a lo que no es perfecto pero es real
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan nuestra
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que la vida no es un destino sino un proceso y que el proceso a veces duele pero también te hace más humano y más tuyo y más de lo que creías que podías sostener
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y eso ya es suficiente para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene sin pedirnos explicaciones y sin prometer nada más que lo que ya nos dio que es este presente incierto pero nuestro y este caminar despacio por calles que ya tienen mi nombre escrito en el polvo aunque nadie más lo vea
y por eso sigo aquí y por eso me quedo y por eso respiro este aire pesado y camino este adoquin desigual y agradezco que la vida sea así de complicada y tan honesta y tan mía
Morelia te cambia el ritmo sin pedir permiso te vuelve más despistado y más atento al mismo tiempo te enseña a mirar el cielo y a no preocuparte tanto por llegar a tiempo a ninguna parte que no sea la tuya propia
yo antes corría por todo y ahora camino más lento no porque me falte energía sino porque aprendí que aquí la energía se gasta más rápido si la fuerzas y que ceder a veces es más fuerte que ganar
esa es la parte que me tiene aquí la parte donde aprendí a perder algunas batallas para ganar la guerra de mi propia tranquilidad y donde descubrí que la paz no es ausencia de ruido sino capacidad de convivir con él sin que te rompa
Morelia me enseñó eso de manera torpe y a veces dolorosa pero me lo enseñó y ahora lo cargo como quien carga una herramienta vieja pero útil que ya no quiero soltar porque me ha servido para caminar por días oscuros y por tardes inciertas
así que sigo aquí con Morelia y con mi forma nueva de respirar y con mi amor dividido entre lo que fui y lo que soy cuando estoy aquí y con la certeza de que tal vez no sea para siempre pero que hoy es y que hoy vale la pena
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron otras ciudades con más brillo y menos alma
Morelia no es perfecta pero es mía en este momento y la vida me ha enseñado que lo mío es mejor que lo perfecto aunque cueste admitirlo y aunque a veces duela reconocerlo
y por eso sigo aquí caminando despacio y respirando este aire pesado y aprendiendo a querer sin garantía y a vivir con las grietas y a encontrarle el gusto al polvo y al calor que no se va
y así seguimos Morelia y yo en este lazo invisible que nos sostiene y que nos hace ser un poco más humanos cada día que pasa
esa es la parte que me quedo y la que me sostiene y la que me enseña que quedarse también puede ser una forma de ir lejos sin moverse demasiado
y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a ser de este lugar sin dejar de ser de mí mismo del todo
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo
Morelia no te da respuestas pero te da la costumbre de vivir con tus propias preguntas y eso ya es más de lo que me prometieron otras veces cuando creía que la vida era más fácil y menos real
y así seguimos Morelia y yo en este baile sin música clara pero con ritmo propio que nos queda mejor que cualquier otro que nos ofrezcan de fuera
y yo aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y agradeciendo que la vida real sea así de complicada y tan honesta y tan mía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo a vivir con lo que hay y no con lo que falta
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida que me enseñó a querer sin garantía y a estar sin prometer nada más que seguir aquí un día más viendo cómo la tarde se va y el cielo se pone de ese color que solo Morelia sabe pintar
y así seguimos y seguiremos porque la ciudad no se rinde y yo tampoco y porque al final ese es el trato secreto que nos sostenemos sin preguntar por qué y sin prometer nada más que seguir aquí respirando este aire pesado y caminando este adoquin desigual y encontrándole el gusto a la vida real que es más complicada pero más honesta que cualquier postal
Morelia no es un destino es un proceso y yo sigo en ese proceso con la certeza de que no tiene final claro y con la paz extraña de quien ya no busca la salida porque encontró algo mejor que quedarse y aprender a vivir con lo que hay
y eso para mí ya es bastante y es más de lo que me prometieron y es más de lo que necesito para seguir caminando por estas calles y por esta vida y por esta ciudad que me cambió el pulmón y el ritmo y la forma de ver el mundo y de respirar y de querer sin garantía
esa es mi promesa y la de la ciudad y por eso sigo aquí sin saber qué pasará mañana pero sabiendo que quiero estar aquí para verlo pasar y para seguir aprendiendo
You might also be interested in:
- Matein Handbagage Rugzak 40x30x20 cm voor Vliegtuig - Ryanair Maat Cabin Rugzak 30L, Uitbreidbare Reisrugzak Unisex, Geschikt voor KLM, Transavia & easyJet, Travel Backpack voor Business & Reis, Wit (EAN: 0726434903181)
- Uitnodigingskaarten confetti 6 stuks (EAN: 8711319371256)
- 6x Grappige Dieren Verjaardagskaarten Set met Enveloppen - Humoristische Happy Birthday Kaarten voor Kinderen en Volwassenen - Luxe Wenskaarten voor Familie, Vrienden, Collega’s en Feestcadeaus (EAN: 6153901567517)
- Dust & Echoes: Lost in Essaouira, Morocco
- Jacob Hooy Hibiscus thee - Rozenbottel theezakjes - 20 zakjes JPTHEE35230 (EAN: 8712053352303)