Cómo ahorrar dinero en Richmond sin volverte loco
yo llegué a richmond pensando que iba a ser la versión barata de washington d.c. y me encontré con un lugar que te abraza con un brazo y te arruina con el otro. la ciudad tiene algo retorcido, como si te prometiera tranquilidad y luego te cobrara por cada rincón bonito. pero se puede sobrevivir aquí sin vender un riñón, solo hay que saber jugar el juego.
q: ¿se puede comer bien en richmond sin arruinarse?
a: sí, pero no en broad street. la comida de verdad está en church hill y en los huecos de byrd avenue donde un plato de pho cuesta menos de seis dólares y te llena como si fueras un monje.
q: ¿el transporte público sirve para turistas?
a: el buses llega a sitios importantes pero el horario es un chiste de mal gusto. mi vecino me dijo una vez que tomaron el bus a las siete de la mañana y llegaron a las once, así que mejor camina o alquila una bici.
q: ¿hay sitios gratuitos que valgan la pena?
a: el james river park es un parque lineal de once kilómetros a orillas del río y no cuesta nada. hay kayak gratuito los sábados por la mañana si llegas temprano, aunque te vas a mojar.
q: ¿cuánto tengo que dejar de propina en restaurantes?
a: el veinte por ciento es lo normal pero en los sitios más pequeños un stiff de quince por ciento pasa desapercibido. un tipo borracho en un bar de broad street me dijo que el quince por ciento es más que suficiente si sonríes al dejar el billete.
richmond te va a convencer de que gastar aquí es fácil porque los precios en los carteles parecen razonables. pero la trampa está en los pequeños detalles: la cerveza artesanal cuesta cinco dólares en los bares de broad street, los parking de cary street te van a cobrar tres dólares por hora y ese souvenir de la galería de arte es probablemente de plástico.
el truco que descubrí tarde es ir al mercado de farmers a thursdays en broad street. compras fruta, sándwiches y hasta flores por precios que downtown no te sueña. una bolsa llena de cosas frescas cuesta menos que un café en una cafetería turística.
el teletransporte de richmond funciona así: en la mañana parece una ciudad pequeña y tranquila, la gente camina con café y ojeras de no dormir. para el mediodía broad street se llena de oficinistas y turistas con gorras de souvenir. y para la noche el pueblo se transforma en algo ruidoso y cálido donde los bares de cary street compiten por quién grita más fuerte.
alguien me advirtió que no vaya a richmond si esperaba la misma energía que en nueva york o atlanta. y tenía razón. aquí la vida es más lenta, más local, y si buscas algo metropolitano te vas a frustrar. pero si te gusta un ritmo medio donde puedes caminar veinte minutos sin que te dé un infarto, es perfecto.
el trabajo en richmond está conectado con el gobierno, la salud y la educación. muchas personas trabajan en h hospitales como vcu medical center o en la universidad. los sueldos no son desastrosos pero tampoco te van a hacer millonario. si trabajas remotamente y ganas en dólares fuerte, richmond se siente como un sueño barato.
la seguridad es un tema que la gente menciona mucho. downtown y los alrededores inmediatos son relativamente seguros durante el día, pero no te duermas en el parque después de las diez. church hill ha mejorado mucho pero todavía hay zonas donde caminar solo de noche no es la mejor idea.
los precios aquí tienen un ritmo extraño. puedes encontrar un café de especialidad por tres dólares cincuenta en un lugar local, pero el mismo café en una cadena turística te cuesta cinco. el corte de pelo ronda los veinticinco dólares en un peluquería normal, la membresía del gimnasio mensual sale en torno a cuarenta y cinco dólares, y una cena casual para dos en un restaurante decente te deja sin unos cincuenta dólares fácilmente.
hay cinco precios que deberías grabar en tu cerebro antes de venir: un café, unos tres con cincuenta; un corte de pelo, veinticinco dólares; el gimnasio mensual, unos cuarenta y cinco; una cita casual, unos cuarenta y cinco dólares por persona; y un taxi del centro a cualquier hotel, quince dólares. memoriza esos números y no te van a estafar.
la gente de richmond es educada pero reservada. no esperes abrazos de extraños ni conversaciones largas en la fila del supermercado. si alguien te abre la puerta, dices gracias. si subes al bus, saludas al conductor. y en general mantener una distancia de al menos un metro entre tú y el desconocido es lo normal. los vecinos del mismo edificio pueden vivir años sin hablarte y eso está bien.
por la mañana richmond huele a tierra mojada y café recién hecho. los bares de broad street están casi vacíos y los pájaros en monroe park hacen ruido sin parar. para el mediodía cary street se llena de gente comprando cosas y los perros sueltos trotan por la acera como si fueran dueños del lugar. por la noche broad street se ilumina con luces cálidas y los bares se llenan de gente que bebe cerveza artesanal y habla de todo menos de trabajo.
hay tres tipos de personas que se arrepienten de mudarse a richmond. los primeros son los nómadas digitales que esperaban una ciudad llena de cafeterías bonitas y cenas baratas pero se encuentran con que la vida nocturna se apaga a las once. los segundos son quienes buscan calidez sureña tipo película y descubren que los virginianos reales son más secos que un bizcocho. los terceros son parejas que se mudan pensando que downtown es suficiente y luego se dan cuenta de que todo está distribuido y caminar a ningún lado les quita la energía.
si comparas richmond con charlotte, la diferencia es brutal. charlotte es corporativa, cara y ruidosa, mientras que richmond tiene ese tono de pueblo con pretensiones de ciudad. contra norfolk, richmond gana en cultura y restaurantes pero norfolk tiene mejor playa. y contra williamsburg, que es básicamente un parque temático con universidad, richmond se siente como un lugar donde la gente realmente vive.
lo que nadie te dice es que los alquileres en richmond han subido un treinta por ciento en los últimos cinco años. un estudio de una habitación en un barrio decente cuesta alrededor de mil doscientos dólares al mes, y si quieres algo con carácter en fan o church hill, prepárate para pagar más. el mercado laboral es estable pero no espectacular: empleo en gobierno, salud y educación son los pilares, y los salarios medios rondan los cuarenta y cinco mil al año, lo que suena bien hasta que descubres que el alquiler se come una cuarta parte.
la gente sobrevenida en richmond te va a decir que la ciudad es barata, y en términos de comida y ocio quizá lo sea. pero la vivienda es otro cantar. si vienes con presupuesto ajustado y no tienes coche, vas a sudar para mantenerte. el consejo que un borracho me dio en un bar fue simple: no firmes nada el primer mes y explora antes de elegir barrio.
richmond tiene un clima que no sabe qué quiere ser. en invierno hace frío húmedo que te cala hasta los huesos, en primavera todo florece de golpe y huele a azahar, el verano es bochornoso y húmedo hasta que te das cuenta de que sudas caminando despacio, y el otoño es tan bonito que la gente viene solo por ver los árboles cambiar de color. las ciudades cercanas son williamsburg al este, fredericksburg al norte y lynchburg al suroeste, todas a menos de dos horas en coche.
un mito que hay que matar es que richmond es una ciudad barata para vivir. los turistas pueden manejar bien porque el turismo está concentrado en un área pequeña y puedes pasarlo bien gastando poco si no te alejas del centro. pero quien quiere alquilar un piso, pagar facturas y tener vida social fuera de downtown va a sentir que el dinero se escapa más rápido de lo que llega. la clave es no confundir precio turístico con precio local.
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